Muchos padres, utilizamos frases como: “cállate” “¡No llores!”, “¡Deja de hacer eso!”,”¡Pide perdón inmediatamente!” y similares. Comunmente, dicen esto con el objetivo de que sus hijos se vuelvan más obedientes, educados y disciplinados, pero resulta que tan solo obtienen el efecto opuesto.

El hijo, como respuesta a las exigencias de sus padres, puede comenzar a comportarse aún peor, no obedeciendo y volviéndose más desobediente y caprichoso. A nadie, incluidos los niños, le gusta oír amenazas ni recibir órdenes estrictas y mucho menos que le hablen con un tono de voz amenazante.

En el sitio web genial guru recopilaron algunas frases mágicas que los psicólogos recomiendan usar para comunicarse con los niños. Si las aplicas, a tu hijo le será mucho más agradable responder a tus peticiones y tu relación con él mejorará, haciendo que entenderse mutuamente sea más fácil.

1. “Me preguntaste, te contesté” en vez de “¡Te dije ya que no! ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?”

Cuando el niño vuelve a pedir que le compres algo en la tienda o jugar “un poco más” con el teléfono (aunque se haya excedido en el límite de tiempo), hay que decirle “no” una vez, y a todas las reiteraciones, al lloriqueo y las quejas, contestar con una voz tranquila y sosegada: “Me preguntaste, te contesté”. Así evitas las discusiones y los llantos, estableces normas claras y fortaleces tu autoridad.

Si constantemente recurres a esta frase en respuesta a las solicitudes inapropiadas del niño, estará menos inclinado a quejarse, refunfuñar e intentar manipularte.

2. “Cuando termines con los deberes, salimos a pasear” en vez de “¡Ponte a hacer los deberes ya!”

Acentúa la atención del niño en los momentos agradables que lo esperan tras haber terminado sus deberes. En lugar de recurrir a las amenazas y a la coerción, haz hincapié en frases agradables y prométele que le espera algo bueno.

“Los vendedores de automóviles, a menudo, utilizan este esquema: ’Cuando regresemos de la prueba de conducción, usted podrá elegir los colores del interior’. Ni siquiera te preguntan si quieres probar a conducir este vehículo. Ya te llevan cautelosamente hacia la compra”, señala Alicia Eaton, una hipnoterapeuta y lingüista. Atendiendo a su opinión, este truco publicitario puede funcionar con los niños.

3. “Recuérdamelo, ¿cómo se cepillan correctamente los dientes?” en vez de “¡Otra vez has olvidado cepillarte los dientes!”

Finge de forma consciente ante tu hijo que has olvidado cómo se realiza una acción que no le gusta mucho. Si se trata de cepillarse los dientes, toma un cepillo y empieza a moverlo alrededor de los ojos, por ejemplo, diciendo “Se me ha olvidado cómo hacerlo. ¿Así está bien?”. El niño se reirá y te corregirá. Entonces conviertes un proceso aburrido en un juego emocionante.

Si el niño ha ignorado u olvidado alguna instrucción tuya, también puedes jugar a la “pérdida de memoria”. Pregúntale: “Parece que te dije algo hace 5 minutos. ¿Qué fue lo que te pregunté? No lo recuerdo”, aconseja la psicóloga infantil Shelly Phillips. De esta manera, el niño se recordará a sí mismo aquello que todavía tiene pendiente de hacer.

4. “¿Qué camiseta te pondrás para ir a la escuela?” en vez de “¡Vístete, ya te lo he dicho!”

Preguntas de tal manera como si el niño ya hubiera aceptado vestirse, solo le queda elegir el color de la camiseta. “Crea para el niño la ilusión de la elección”, aconseja Alicia Eaton. Este método funciona en muchos casos.

Si no quiere hacer unos complicados deberes, dale al niño la opción de cuándo hacerlos: “¿Quieres trabajar en tu proyecto de la escuela hoy o mañana?”. Si tu pequeño se retuerce en la mesa, pregunta: “¿Quieres probar primero la ensalada o la hamburguesa?”.

Si el niño no suelta el teléfono de sus manos: “¿Dónde dejamos tu teléfono para descansar e ir a disfrutar del almuerzo, lo dejamos en el pasillo o en el dormitorio?”.

5. “¿Cómo podemos resolver este problema?” en vez de cállate “¡No llores más!”

En lugar de regañar a un niño por llorar o quejarse, ayúdalo a resolver el problema. Puedes decirle: “Vamos a pensar en lo que se puede hacer”.

Si el niño tiene una edad suficiente y quieres que aprenda solo a hacer frente a las dificultades, en respuesta a sus quejas bien que vale preguntar: “¿Me estás contando esto ahora para cambiar la situación?”.

Si el niño a menudo dice “¡No puedo!”, por ejemplo, “¡No puedo entender las matemáticas!”, responde que “Simplemente, todavía no has encontrado la forma correcta de hacer este ejercicio”. “La idea es cambiar el enfoque de la conversación sobre lo que no puede hacer tu hijo por aquello que sí puede”, explica Alicia Eaton.

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