El embarazo es una de las cosas más bella que nos puede pasar a las mujeres, sentir y saber que una pequeña vida crece en tu vientre es una sensación increíble. Un sensación que nadie más entenderá a menos que lo haya vivido (y a pesar de eso cada experiencia es diferente).

Casi todas las parejas suelen esperar tres meses para contar la buena noticia sobre el embarazo, por miedo a que se pueda producir un aborto en esos primeros meses.

Un aborto es un hecho trágico, independientemente de cuándo ocurra durante el embarazo. Pero verse obligada a dar a luz un niño que ya no tiene vida, y peor aún al final del embarazo, es algo por lo que ninguna madre debería tener que pasar.

Valerie Watts vive en Cokato, Minnesota, EEUU. Estaba en el noveno mes de embarazo y tenía preparado hasta el mínimo detalle ante el nacimiento de su hijo.

Pero unos días antes del parto notó que algo raro pasaba. El bebé no se movía como solía hacer.

Cuando fueron al médico ya era demasiado tarde y esto pasó unos días antes de la fecha en la que tenía que haber nacido. La madre estaba destrozada.

Valerie no podía deshacerse de las cosas de su hijo y la habitación del pequeño permaneció sin tocar.

En mayo, Valerie organizó un mercado de segunda mano y decidió vender las cosas de su niño ya que le recordaban continuamente que su hijo ya no estaba a su lado y que nunca más iba a estarlo.

Un hombre llamado Gerald fue a su casa y se interesó directamente por la cuna y preguntó por el precio.

Ella no había pensado realmente venderla, todavía le costaba desprenderse de ella. Pero Gerald estaba muy interesado y Valerie decidió finalmente vendérsela.

No sabía lo importante que era la cuna para Valerie

Él no tenía ni idea de lo que significaba la cuna para ella. Era el único recuerdo físico que todavía tenía de su hijo.

Valerie había vendido la ropas de bebé y Gerald creía que lo vendía todo porque simplemente su hijo había crecido.

Pero es ahora cuando la preciosa historia comienza. La mujer de Gerald había hablado un poco con Valerie durante la venta y le preguntó cuántos años tenía su hijo actualmente. Y quedó muy triste cuando supo que el niño nunca pudo llegar a casa.

Solo cuando subieron la cuna al auto e iban de camino a casa, ella le contó a su marido lo que Valerie le había comentado. Y en ese momento el hombre comprendió la importancia que la cuna tenía para la devastada madre.

”Entonces decidimos devolverle la cuna”, contó Gerald al canal de noticia Fox9.

Pero sabía que la cuna no podría quedarse siempre en casa de Valerie, al menos de esa forma. Gerald trabajaba como carpintero y vio de inmediato la posibilidad potencial de construir un mueble con ella y construyó entonces una bella silla.

Una semana después de su compra, volvió Gerald a casa de Valerie con un regalo. La cuna que antes había sido algo sin uso, y un doloroso recuerdo de su hijo, se convirtió en una preciosa silla que tuvo un lugar de honor en la casa.

Valerie se emocionó con el bonito gesto y comenzó a llorar cuando vio lo que Gerald había hecho.

Son muchos los padres que saben lamentablemente lo que es estar en la situación de Valerie y su esposo, a pesar del transcurso de los años, la pena siempre permanece como un recuerdo dentro del alma y nunca se borra.

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