Casi todas las mujeres se preguntan si deben optar por un parto natural o por una cesárea para el nacimiento de su bebé. Aunque un parto natural suele ser más seguro para la mamá y para el bebé, existen casos en que es necesario que el bebé nazca por cesárea.

Tanto con el parto natural como con el parto por cesárea, el objetivo de ambas intervenciones es conseguir dar a luz a una nueva vida, sin embargo, presentan importantes diferencias en su desarrollo.

El parto normal es un procedimiento médico que consta de tres etapas. La primera etapa del parto natural es denominada de dilatación. En ella el cuello del útero debe dilatarse al menos 10 centímetros para que se inicie la segunda fase.

En estos momentos, comienzan las contracciones, momento del parto natural en el que la mujer y los médicos deben lograr aplicar una presión que ayude al bebé a salir por el cuello del útero de la madre.

La última fase es denominada alumbramiento, se trata del momento en el que se expulsa la placenta del cuerpo materno, junto con las membranas que forman la bolsa de líquido amniótico.

El parto por cesárea, sin embargo, es una intervención quirúrgica mediante la que se intenta extraer al bebé por el abdomen de la mujer, tras comprobar complicaciones para el desarrollo normal de un parto natural.

En el parto por cesárea se procede cortando capas de tejido hasta llegar al útero, para posteriormente extraer al bebé y la placenta. Es un proceso actualmente sin apenas más riesgos que los de cualquier intervención rutinaria, sin embargo sí conlleva un mayor sangrado en la operación, así como una rehabilitación más costosa que en el parto natural.

10 grandes diferencias entre el parto vaginal y la cesárea

-Las cesáreas por lo general son programas, mientras que el parto natural no se sabe cuando ocurrirá.

– En cuanto al dolor. Con la operación quirúrgica, a diferencia del parto vaginal, la dilatación no se produce y el dolor no está presente. En general, se efectúa con anestesia espinal, que, en pocos minutos, provoca un bloqueo tanto sensorial como motor de la zona que va desde 10 cm por encima del ombligo a las extremidades inferiores, si bien permite mantenerse despierta.

El efecto de la anestesia dura entre una hora y una hora y media, y es necesario introducir a la mamá un catéter vesical, porque no se advierte el estímulo de la orina. En las 24-48 horas posteriores, el dolor todavía se controla con analgésicos y antiinflamatorios por vía endovenosa.

-La cesárea es una cirugía, mientras que el parto vaginal es un proceso natural.

-La cesárea tiene un tiempo estimado, mientras que el parto vaginal puede durar 14 horas o más.

-Con una cesárea la recuperación es más lenta que el parto vaginal.

– El tipo de experiencia. En el quirófano, la mamá no puede hacer otra cosa que delegar el nacimiento en el personal sanitario, lo cual no sucede en un parto vaginal. A diferencia de otros tiempos, cuando se administraba anestesia general, hoy en día, se puede asistir al nacimiento y ver al bebé nada más nacer (a veces, incluso la presencia del papá es posible, si el hospital o la clínica lo permiten).

Sin embargo, (en algunos hospitales no le dan al bebé en brazos a la madre hasta que se regresa a la habitación en planta. Una experiencia que, si no se había previsto o solicitado, puede dejar en la mamá una sensación de “inconclusión”.

– La experiencia por parte del bebé. Ver la luz en un quirófano es como despertarse de repente. El paso del templado y oscuro líquido amniótico al frío y a la luz quirúrgica se produce de forma brusca, y la adaptación a la vida extrauterina es más traumática con la cesárea, tanto que se ha comprobado que el nacimiento sin trabajo de parto expone a un riesgo de estrés respiratorio tres veces superior respecto a los bebés que nacen por parto vaginal (porque los pulmones se preparan para respirar al pasar por el canal del parto).

– La recuperación. La cesárea no provoca lesiones en el periné, cosa que sí puede suceder en un parto vaginal, pero comporta una cicatriz de 10-12 cm por encima del pubis, justo debajo de la línea del biquini.

Para extraer al niño, el ginecólogo procede cortando la piel; a continuación, las franjas musculares y, por último, el útero. Se trata de una intervención quirúrgica en toda regla, a la que le sigue lo que debe considerarse una convalecencia a todos los efectos. Durante varios días, la herida “tira” y duele, sobre todo, a la hora de agacharse y levantarse, además de la consiguiente pérdida de tono de los abdominales.

– La lactancia. Con la cesárea, a diferencia del parto vaginal, el recién nacido se suele confiar al papá, pues la mamá debe terminar la intervención y verá al niño al regresar a la habitación. Todavía se encuentra bajo el efecto de la anestesia espinal y de los demás fármacos (antibióticos, antiinflamatorios y analgésicos), tiene la vía en el brazo y la sonda para hacer pipí.

Además, no puede comer en varias horas y no disfruta del efecto beneficioso de las endorfinas naturales y del resto de hormonas activadas por la dilatación. Por lo tanto, no se trata de la mejor forma de iniciar la lactancia, pero es importante que tenga al bebé a su lado (rooming in) y que reciba ayuda por parte de la familia y de las matronas para ponerle al pecho lo antes posible.

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